Madres Toxicas
Madre tóxica: qué es, cómo identificarla y trascenderla.
Índice
·
¿Existe la madre perfecta?
·
¿Qué es una “madre tóxica»?
·
Cómo reconocer una “madre tóxica”
·
¿Qué hago si tengo una “madre tóxica»?
·
Trascendencia y libertad emocional
¿Te has preguntado alguna vez si
has crecido con una madre tóxica o si tú lo eres? ¿Sabes cómo identificar si
tienes un vínculo tóxico con tu madre o con tus hijos? ¿Te gustaría aprender a
superarlo?
En este artículo te explicamos qué
significa y qué implica tener o ser una madre tóxica, cómo reconocer si tu
relación con tu madre o con tus hijos es desadaptativa y qué hacer para superar
esta situación.
En esta conexión Enric explica que
la educación de los hijos está condicionada por la educación recibida de los
padres. Conseguir un equilibrio emocional es clave para evitar establecer
relaciones tóxicas con nuestros hijos.
Este artículo responde a varias
preguntas acerca de cómo tomar conciencia de nuestros conflictos y
condicionamientos con la figura materna y de qué forma esto es fundamental para
transformar esta relación y convertirnos en adultos emocionales.
¿Existe la madre perfecta?
Si tuvieras que describir lo que es
una “madre perfecta”, ¿qué cualidades mencionarías?
La mayoría de nosotros, independientemente
de nuestra experiencia personal, al pensar en la imagen de la madre ideal,
destacaremos atributos como el cuidado, la atención, la ternura, la nutrición y
el amor incondicional hacia sus hijos.
Que compartamos esta visión de la
maternidad no es casual, sino que la idea de la “madre perfecta» está arraigada
en nuestro inconsciente.
Esta imagen es lo que denominamos
arquetipo y define lo que debería ser una “buena madre”.
Este ideal inalcanzable,
configurado por nuestro contexto familiar y cultural, moldea nuestra manera de percibir a nuestra
madre, a otras personas que representan este rol simbólicamente – como una
cuidadora, la tía, la abuela, un docente, etc. – y nuestra propia maternidad,
real o simbólica.
¿Utilizas tu idea de “madre” como
guía o como limitación?
Esta imagen de “madre perfecta”
solo existe en nuestra mente y podemos elegir usarla como guía o como molde,
para darle un sentido a nuestras experiencias.
Podemos utilizarla como ayuda para
orientarnos, ya que nos permite saber qué hacer como madres o cuidadoras,
actuando como una guía que en el reino animal llamamos instinto maternal.
Sin embargo, también podemos
utilizar esta información para crear un molde inflexible, haciendo
comparaciones entre lo que experimentamos y un ideal imposible.
Esto sucede cuando una persona
considera que su mamá, o ella misma, es una “mala madre” o una “madre tóxica”,
por no encajar en el molde, ya que ha ejercido una crianza no tan perfecta.
Ciertamente, en muchos casos, una
madre no logra establecer un vínculo beneficioso con sus hijos/as.
Si es tu caso, ya sea como madre
y/o como hijo/a, siempre puedes tomar conciencia de aquello que es disfuncional
y hacer cambios, en vez de seguir en la acusación y la culpabilidad.
¿Qué es una “madre tóxica»?
No todas las madres desempeñan su
rol de una manera beneficiosa para sus hijos, ya que no les proporcionan unas
bases emocionales firmes que les permitan construirse como adultos capaces de
caminar seguros por la vida.
En los años 90 la psicóloga Susan
Forward utilizó por primera vez el término “madre tóxica” para definir los
comportamientos de aquellas madres caracterizadas por una crianza perjudicial
para los hijos.
Este concepto es ampliamente
utilizado en la actualidad, sin embargo, hemos perdido de vista que lo que se
define realmente cómo “tóxica”, no es la persona, sino la relación
desadaptativa que obstaculiza el proceso de desarrollo natural de los hijos.
No es tóxica la persona, sino el
vínculo que nosotros mantenemos con ella
Cuando una persona adulta dice que
su madre es tóxica, generalmente lo hace porque no encaja con su imagen mental
de “madre ideal».
Además, no mantiene una buena
relación con ella, piensa que es la responsable de los problemas que tiene en
la actualidad y, por tanto, aún sostiene un resentimiento con ella por su
manera de tratarla durante la infancia.
Llamar “tóxica” a una persona
-madre, pareja, jefe, amigo, etc- es la mejor manera de poner fuera de uno
mismo los propios miedos, carencias y limitaciones.
En otras palabras, es
responsabilizar a otra persona de lo que, como adultos, debemos asumir
nosotros: nuestra propia vida y nuestro bienestar.
“Crecer es dejar de culpar a los padres.”— Maya Angelou.
Otras veces, la persona no es consciente de
que ciertas limitaciones y bloqueos que está experimentando actualmente están
relacionados con el tipo de vínculo que ha establecido con la madre, por lo que
la necesidad de transformar esta relación puede pasar inadvertida.
Esto sucede porque lo que
entendemos por “madre tóxica” no siempre tiene que ver con lo que la mayoría
imagina: una mujer malvada que odia a sus hijos, violenta y maltratadora.
En muchas ocasiones el vínculo
tóxico entre madres e hijos pasa desapercibido, por eso vamos a ver algunas
claves para poder reconocerlo, tanto con nuestra madre como con nuestros hijos,
y qué podemos hacer para transformar estas relaciones tan importantes para la
vida
Cómo reconocer una “madre tóxica”
Si bien mantener una relación tóxica con la madre es mucho más habitual de
lo que creemos, no siempre es fácil darse cuenta.
Tomar conciencia de ello es
fundamental para poder transformar esta relación y convertirse en un adulto
emocional, capaz de dirigir su vida y responsabilizarse de su bienestar,
liberándose de la “toxicidad” y, también, liberando a su progenitora de una
carga que no le corresponde llevar.
Además, sanar la relación con la
madre es un paso previo fundamental para que podamos establecer un vínculo más
saludable con nuestros hijos.
Características de una “madre tóxica”
Antes de ver qué caracteriza a lo
que llamamos “madre tóxica”, debemos tener claro que en ningún caso la
mamá es “tóxica”, sino la relación que
tiene con sus hijos.
Una mujer puede tener varios hijos
y establecer una relación disfuncional solo con uno de ellos.
A continuación, detallamos algunas
características propias de una madre que establece una relación tóxica con sus
hijos:
·
Controladora, está siempre pendiente de sus hijos/as,
sobreprotegiéndolos, haciendo de ellos adultos inseguros y dependientes.
·
Ausente, ya sea física o emocionalmente. No tiene la
capacidad de acompañar o asistir las necesidades afectivas de sus hijos/as.
·
Negligente en los cuidados básicos, bien porque es
incapaz de detectar las necesidades de sus hijos/as o porque considera
prioritarias sus propias necesidades.
·
Inestable emocionalmente, no puede gestionar
adecuadamente sus estados emocionales y expresa vaivenes emocionales que
condicionan el ambiente familiar.
·
Manipuladora y victimista. Oscila entre actitudes invasivas y
pasivo-agresivas.
·
Generadora de conflictos de manera habitual, ya sea
con su pareja, amigos/as, familia, trabajo, etcétera.
·
Proyecta sus frustraciones en sus hijos, tales como
deseos no cumplidos o metas no alcanzadas a lo largo de su vida. Trata de conseguir
lo que no pudo o no supo hacer a través de la vida de sus hijos.
·
Sobreprotectora, se preocupa y actúa en exceso por sus
hijos/as, subestimando su valía, actuando como si realmente estuvieran
necesitados de su ayuda y, como consecuencia, les impide desarrollar sus
capacidades.
·
Absorbente y posesiva, necesita estar todo el tiempo
con sus hijos/as, ocupando todos sus espacios. Sienten que sus hijos/as son de
su propiedad y que, de alguna forma, están en deuda con ella tanto por los
cuidados ofrecidos en la infancia como por haberles “dado la vida”.
Somos responsables de nuestra manera de relacionarnos como adultos
Es importante comprender que todas
estas actitudes de la madre son el resultado de patrones de conducta aprendidos
en su ambiente emocional de la infancia.
Cuando se mantienen de forma
habitual durante los años de crianza, constituyen una forma sutil de ejercer un maltrato, frecuentemente de manera
inconsciente e incluso bienintencionada, que puede marcar la vida del futuro
adulto.
Sin embargo, aunque existe la
creencia generalizada de que este vínculo determina la vida del adulto, lo
cierto es que no es determinante, sino que todos tenemos la capacidad y la
responsabilidad de transformar nuestra manera de relacionarnos con nuestra
madre cuando somos adultos.
Es fundamental comprender que,
cuando somos mayores, somos nosotros los
que mantenemos el vínculo tóxico con nuestra madre y, por tanto, los
responsables de transformar cómo nos relacionamos con ella.
Cómo saber si aún mantienes una relación tóxica con tu madre
Para poder hacer los cambios
internos que nos permitirán superar los conflictos con la madre, lo primero que
debemos hacer es reconocer las señales que nos indican que aún mantenemos un
vínculo tóxico, incluso si ha fallecido o no nos relacionamos con ella de
manera habitual.
En este punto, vamos a recordar que
no estamos hablando únicamente de nuestra madre, sino del arquetipo, y podemos
ver representado lo que simboliza en otras personas de nuestro entorno, como
puede ser una jefa, una amiga, la pareja o incluso nuestra propia hija.
De este modo, los conflictos que
experimentamos con las personas que nos rodean nos permiten reconocer el tipo
de relación que hemos establecido con nuestra madre durante la infancia y la
influencia que aún ejerce en nuestra vida.
Tomar conciencia de los patrones
emocionales y de conducta generados por la relación disfuncional que aún
mantenemos con nuestra madre, nos permite comprender por qué actuamos y nos
relacionamos de la forma en que lo hacemos, ya sea con los amigos, la pareja,
los hijos o en el ámbito laboral.
El trabajo de autoindagación es
clave para identificar esta información y redefinir la relación que mantenemos
con nuestra madre desde la madurez emocional.
Veamos un ejemplo:
Una mujer realiza una sesión en Bioneuroemoción en
la que consulta sobre un conflicto con su jefa en el trabajo.
El punto de mayor estrés sucede cuando ésta le dice
que “no le sirve la ayuda que está dando en la compañía”.
Al investigar en otras situaciones en resonancia,
encontramos que, durante su infancia, ella ayudaba a su madre en las labores
del hogar y ésta solía decirle: “No lo haces bien, no me ayudas, me das más
trabajo”.
Ambas escenas nos muestran el conflicto particular de
la clienta, expresándose la imagen arquetípica de la “madre” en su “jefa”.
Así, se activan, de manera automática e inconsciente,
creencias, pensamientos, sensaciones físicas, sentimientos y comportamientos
de respuesta automáticos.
La clienta piensa que su madre “no la quiere ni la
aprecia”, “que no “reconoce su esfuerzo ni la valora”.
Así, la percepción que tiene sobre ella misma en esta
situación laboral es que “no es valiosa” o que “no es lo suficientemente
buena”, entre otras.
Esta información es proyectada sobre la situación de
estrés en el ámbito laboral, lo cual le permite reconocer el conflicto con la
madre y comprender el origen del estrés que vive con su jefa en la actualidad.
Esta comprensión es fundamental para poder
retomar las riendas de nuestra vida y comenzar a construir vínculos más acordes
a lo que realmente deseamos, dejando de lado viejos patrones, de pensamiento y
de comportamiento, que no nos pertenecen y que ya no nos sirven en la
actualidad.
¿Qué hago si tengo una “madre tóxica»?
Recurso práctico y ejemplos: Inversión de pensamiento
Para transformar la manera de
relacionarnos, debemos identificar nuestros conflictos y aprender a ver las
cosas de otra manera, comprendiendo que lo que nos sucede tiene que ver con
nosotros mismos, y que la “toxicidad” no está en la otra persona, sino en la
relación que mantenemos con ella, lo cual es responsabilidad de ambas.
Cuando una persona le pone la
etiqueta de “tóxica” a su madre, aún la está culpando de no tener el valor de
vivir su vida responsable y libremente y lo justifica diciendo que ella es la
tóxica.
“Comprende que no reaccionas a nada directamente, sino
a tu propia interpretación de ello. Tu interpretación, por lo tanto, se
convierte en la justificación de tus reacciones.”
— Anthony de
Mello
Una “madre tóxica” es una
herramienta que nos regala la vida para descubrir y transformar nuestra propia
toxicidad.
Te proponemos una actividad que te
servirá para conocerte en profundidad e identificar los cambios que puedes
realizar para dejar de justificarte y comenzar a vivir tu vida.
Paso 1:
Observa qué es lo que más te
molesta de tu madre, o de otra persona que pueda estar representando este rol
en tu vida
Para realizar este paso, puedes
usar como referencia las características que hemos visto de una “madre tóxica”.
Por ejemplo, quizás aún sientes que
tu madre es ausente, o que te controla, o te molesta que sea absorbente y
posesiva.
Paso 2:
¿Qué comportamientos de tu madre te
molestan concretamente?
Es decir, ¿Qué hace ella para que
tú le pongas la etiqueta de controladora, víctima o absorbente?
Por ejemplo:
“Siento que mi madre no me quiere. No se interesa por lo que hago, y
cuando intento hablarle de mis emociones y mis dificultades, cambia de tema.
Nunca me apoya y parece que solo se preocupa de sí misma”.
“No soporto a mi madre. Siempre quiere saber a dónde voy y con quién
estoy. Además me dice lo que tengo que hacer y juzga muchas de las decisiones
que quiero tomar”.
“Mi madre es una manipuladora emocional. Les compra cosas a mis hijos
que no necesitan, los malcría. Además, viene a mi casa con comida y exige que
vaya a verla con los niños con demasiada frecuencia, no me deja espacio para mí
y mi familia”.
Paso 3:
¿Qué haces tú cuando ella actúa de
esta manera?
Observar lo que hacemos nos permite
identificar los comportamientos que hemos aprendido y que seguimos realizando,
aunque no nos beneficien.
Siguiendo con los ejemplos
anteriores:
“Cuando mi madre no me hace caso, a veces no digo nada y otras, me
enfado. Le grito e insulto, pierdo los nervios, le digo que para qué me tuvo si
no me quiere y que es una egoísta”.
“Le cuento mis cosas a mi madre aunque no me pregunte, siempre lo he
hecho. Cuando juzga negativamente lo que hago o las decisiones que quiero
tomar, no le digo nada. A veces, evito contarle cosas pero me siento culpable”.
“En general accedo a sus peticiones y acepto lo que nos ofrece. He
intentado decirle que no venga tanto a casa y que me gustaría pasar más tiempo
con mi familia, pero no me escucha y sigue sin darme espacio.”
En cada caso, la persona sigue
esperando que su madre cambie, pero al mismo tiempo, ella misma no cambia su
manera de relacionarse con ella, manteniendo de este modo el vínculo tóxico,
perjudicial para ambas.
Paso 4:
Inversión de pensamiento: ¿Quién es
la persona tóxica?
Si te ves reflejado/a en alguno de
estos ejemplos, o a partir del tu propio caso, puedes preguntarte:
¿Para qué sigo actuando de la misma
manera?
¿Sigo esperando que me quiera como
yo quiero que lo haga?
¿Continuo a la espera de su
aprobación y su reconocimiento?
¿Quiero que ella actúe de otra
manera?
Todas nuestras acciones tienen una
intención, y mientras sigamos esperando que nuestra madre cambie, nuestros
actos serán manipulativos, controladores, victimistas y, en definitiva,
característicos de un estado infantil que ya no tiene sentido en la vida
adulta.
Lo que llamamos “toxicidad” no es
más que una relación disfuncional y todos tenemos la capacidad de transformar
el vínculo que mantenemos con nuestra madre.
Paso 5:
¿Qué te gustaría hacer realmente?
¿Qué pasaría si actuases de esta manera?
Las decisiones que tomamos y los
límites que establecemos como adultos le enseñan al otro quiénes somos y cómo
queremos ser tratados, definiendo el tipo de relación que estamos dispuestos a
establecer.
Cuando una persona adulta no toma
sus propias decisiones, para no molestar a la mamá o para complacerla, y no
pone límites saludables con ella, lo que está haciendo es establecer una
relación perjudicial y, en vez de responsabilizarse, se relaciona con su madre
desde la acusación y la culpabilidad.
Para establecer una relación
saludable con nuestra madre, y con cualquier persona, debemos comenzar a ser
adultos emocionales, lo cual nos lleva a la libertad emocional.
Esto implica:
·
Ser coherentes: hacer lo que está alineado con
nuestros pensamientos y sentimientos.
·
Ser consecuentes: Asumir las consecuencias de nuestros
actos y de nuestras decisiones.
·
Establecer límites saludables: Decir “sí” o “no”
cuando realmente queremos decirlo.
·
Responsabilizarnos: Promover los cambios que deseamos
desde nuestro interior y dejar de esperar que el otro cambie.
Qué
hacer si te consideras una madre tóxica
Llegados a este punto, es posible
que hayas identificado ciertas características en tí misma que encajan con los
comportamientos de lo que llamamos “madre tóxica”.
Si es así, ya has dado el primer
paso y el más importante para poder comenzar a realizar cambios en la manera en
la que te relacionas con tus hijos/as: reconocerlo.
El siguiente paso es aceptarlo,
para lo cual es fundamental que evites culpabilizarte y, en su lugar, te
enfoques en comprender-te.
Con este objetivo, puedes seguir
las indicaciones que hemos compartido en este artículo para tomar conciencia de
cómo es el vínculo que aún mantienes con tu madre o con la figura que
representa este rol.
Redefinir la relación con tu madre
es lo que te permitirá transformar los patrones de pensamiento y conducta
disfuncionales que ahora estás reproduciendo con tus hijos.
Trascendencia y libertad emocional
·
Somos el fruto de nuestra propia historia, el
resultado de todo aquello que hemos vivido.
·
Juzgar o rechazar a nuestras madres es una forma de
juzgar o rechazar parte de lo que somos hoy día.
·
La invitación es pasar de una conciencia dual a una
conciencia de unidad.
·
Si vivimos en conciencia de unidad sabemos que la
causa de lo que nos sucede subyace en nosotros mismos.
·
La imagen de una mujer embarazada que lleva a su hijo
o hija en el vientre es la imagen más clara de cómo podemos llegar a estar
unidos, de cómo lo que afecta a unos afecta necesariamente a otros.
·
Con nuestras madres, compartimos limitaciones,
creencias, miedos, etc.
·
Recordemos que nuestra madre nos dio lo que supo y lo
que pudo, de la misma manera que de su madre recibió lo que ésta pudo darle.
·
Es una cadena, una relación transgeneracional que se
va transmitiendo como herencia de manera inconsciente, y está en nuestras manos
cortarla, siendo conscientes de nuestra historia personal para recuperar la
capacidad de darnos y de dar aquello que nos fue negado.
·
Nuestra responsabilidad como personas adultas es
aportar nueva información al sistema, enseñando a nuestros padres a ser libres.
¿Cómo? Atreviéndonos a ejercer nuestra propia libertad de elegir quiénes ser y
cómo vivir nuestra vida.
Madres controladoras
Dª. Trinidad Aparicio Pérez Psicóloga clínica. Psicóloga escolar. Centro
de Psicología Alarcón. Granada.
Las madres absorbentes son aquellas
que necesitan tener el control de la vida de sus hijos. Son tan manipuladoras
que en casos extremos pueden llegar a anular la personalidad de sus hijos,
haciendo de ellos adultos inseguros y dependientes. Veamos a continuación las
características más comunes de estas madres, los efectos que pueden causar en
sus hijos y lo que pueden hacer éstos para no dejarse manipular por ellas.
1. Características de las madres sobreprotectoras.
Son aquellas que necesitan tener el
control de la vida de sus hijos en todo momento, saber lo que hacen e incluso
saber lo que piensan, aunque sean mayores y ya no vivan con ellas.
Son sobreprotectoras, manipuladoras
y metomentodo . Pueden llegar a hacer la vida muy desagradable a sus hijos.
Quieren que sus hijos hagan siempre lo que ellas desean. Piensan que tienen
derecho a intervenir en sus vidas aunque ellos vivan fuera del hogar.
Se sienten seguras cuando son útiles
a los demás, no suelen asumir la independencia de sus hijos y tienden a
deprimirse cuando éstos se independizan y se van a vivir fuera de su casa.
Tienen miedo a perder el cariño de
sus hijos cuando éstos se hacen mayores y sienten celos, cuando sienten apego
por otras personas, bien sean amigos o pareja. Piensan que su vida carece de
sentido cuando no necesitan sus cuidados o atenciones.
Utilizan el chantaje emocional para
conseguir aquello que persiguen, utilizando frases del tipo "nunca me
cuentas nada", "no confías en mí", "crees que no estoy
capacitada para ayudarte". Estas frases se utilizan con la intención de
que el hijo hable sobre aspectos de su vida que ella desconoce y no puede
controlar. Necesita entrometerse para poder opinar y manipular.
Continuamente recriminan a los
hijos su forma de vestir, de actuar, de comportarse o los amigos con los que
van si no se ajustan a sus deseos o a lo que ella espera de ellos. Tienen
planificada la vida de sus hijos y sin contar con ellos, tienen decidido a qué
se van a dedicar de mayores y qué estudios van a realizar.
En algunos casos, intervienen tanto
en la vida de sus hijos que pueden llegar a anularlos por completo.
2. Efectos del control en los hijos
Estas madres pueden llegar a
ocasionar muchas veces sensación de asfixia en sus hijos, provocándoles
situaciones de estrés y dando lugar a trastornos psicológicos como ansiedad,
depresión, obsesión...
Cuando son pequeños, necesitan
realizar ellas las tareas cotidianas que corresponden al pequeño, como aprender
a vestirse o ducharse, ocasionándole de esta forma serios problemas de
aprendizaje y dificultando su autonomía. Este tipo de conducta de la madre
impedirá que su hijo sea un ser independiente y con capacidad para
desenvolverse socialmente.
Cuando llegan a la edad adulta
pueden llegar a tener problemas de personalidad, probablemente se conviertan en
personas inseguras y con falta de confianza en sí mismos, incapaces de tomar
sus propias decisiones y con dificultad para solucionar los problemas que se le
presenten.
Puede ocurrir que el hijo no acepte
estar siempre sometido a las normas de su madre o tener que estar dándole
explicaciones de todo lo que hace, incluso el porqué de su estado de ánimo. En
tal caso, suele revelarse y enfrentarse a ella, surgiendo continuas peleas y
discusiones en la casa. Esto precipita en algunos casos que el hijo se
independice y decida vivir fuera de la casa de sus padres.
Estas actitudes aparecen tanto con
los hijos varones como con las hijas pero suelen ser más frecuentes y más
conflictivas con los hijos.
Si el hijo está ya casado, la
actitud de este tipo de madres suele ser nefasta para el matrimonio. Intentan
que el hijo haga lo que ellas quieren sin contar con la nuera y sin respeto
ninguno por los planes familiares.
Suelen tener actitudes de celos
contra la mujer de sus hijos y establecer verdaderos "tiras y
aflojas" con la intención de que el hijo se ponga siempre de parte de
ellas y en contra de su mujer. Conseguir esto les da sensación de control y se
sienten ganadoras frente a su nuera a la que consideran compite con ellas en
influencia sobre su hijo.
Secretamente serían felices si el
hijo se separara de su mujer y volviera a estar bajo su cobijo. Y su actitud no
pocas veces va encaminada a conseguir este objetivo.
Son verdaderas "mártires"
cuando se les contradice, amenazando al hijo con que van a enfermar por su
culpa, con que ya no la quiere, creando en los hijos sentimientos de culpa.
Hacen referencia a lo mucho que ellas se han sacrificado por sus hijos e intentan
crear en ellos remordimientos haciéndoles creer que son hijos desnaturalizados
y desagradecidos.
Si existen nietos normalmente
intentan controlarlos también, cuestionando todo lo que hace la madre, y
tratando de competir con sus madres por su cariño.
3. ¿Qué pueden hacer los hijos ya mayores de madres sobreprotectoras?
Los niños pequeños son fácilmente
manipulables por sus madres. Ellas se encargan de todo lo referente a ellos y,
por tanto, no habrá nada que se escape a su control: ropa, amigos, horarios,
etc. Los problemas surgen cuando los niños se hacen mayores y no permiten una
actitud tan absorbente de sus madres. Veamos a continuación algunas sugerencias
para evitar esta actitud:
·
No debes sentirte en la obligación de justificar todos
tus movimientos para satisfacer a tu madre. Si consideras que se mete demasiado
en tu vida, no debes darle más información de la precisa, procura no entrar en
detalles que consideras que sólo te pertenecen a ti y a tu intimidad o si crees
que es necesario, tampoco sobre tus planes.
·
Si tu madre continuamente cuestiona tus planes y
critica tus actos, cuéntaselo una vez que lo hayas hecho, de esta forma no te
hará dudar o sentirte culpable por hacer algo que ella no desea que hicieras o
por no haberlo hecho a su manera.
·
Si discutís por su carácter tan absorbente, mantente
firme en tu postura y no cedas por temor a hacerle sufrir o porque piensas que
se enfadará más contigo. Si cedes, tan sólo conseguirás reforzarle su carácter
en este aspecto.
·
No permitas que te impida vivir como tú deseas y si
estás casado o tienes pareja, no consientas que interfiera en vuestros asuntos.
Si tiene oportunidad tratará de intervenir en vuestra vida familiar
entrometiéndose en la educación de vuestros hijos o en la organización de la
casa. Son muy sutiles para ello, no se lo permitas.
Mi hijo ya no me quiere en su vida y hasta ahora he sufrido en silencio
Todos esos
años de amor y apoyo incondicional que le di a mi hijo parece que han caído en
el olvido.
Durante mucho tiempo, intenté
acostumbrarme a la impensable ausencia de mi hijo en mi vida. Lo llevaba tan en
secreto que pensaba que era la única madre del mundo con este problema.
Pero lo cierto es que hay miles de
padres y madres unidos por un sentimiento de pérdida que nadie más alcanza a
comprender.
Lo descubrí al encontrar un foro de
internet en el que otras personas compartían el mismo sentimiento profundo,
frío y solitario de desesperación que me embargaba todos los días. Escogí un
grupo casi al azar, compartí mi historia y leí la de los otros integrantes. De
Mánchester a Melbourne, encontré cierto consuelo en las personas que estaban
atravesando la misma situación de pérdida, rabia y sufrimiento profundo que yo.
Los motivos por los que nuestros
hijos dejan de dirigirnos la palabra varía mucho. Por los motivos que sean, ya
no nos quieren en su vida. A veces uno de los padres manipula al hijo después
de un divorcio para ponerlo en contra del otro padre. En otras ocasiones, no
hay una tercera persona implicada y, simplemente, el hijo decide culpar a sus
padres por sus problemas en la vida.
Hay miles de padres y madres unidos
por un sentimiento de pérdida que nadie más alcanza a comprender
Sean cuales sean nuestras
historias, lo que nos une es nuestro sufrimiento. No creo que haya ningún padre
o madre que asegure haber sido perfecto con sus hijos. Todos nos arrepentimos
de algo, pero también veo que todos les amamos profundamente.
Mantengo una relación cercana y
maravillosa con mi otro hijo, y es un consuelo enorme, pero no dejo de pensar
en el hijo que no me habla y en el nieto que aún no conozco. Un día, tomándome
un café en un bar, una madre joven se sentó con su bebé rubio, que me recordó
al mío. El pequeño empezó a revolverse en el carrito y su madre sacó un
cochecito de la bolsa para entretenerlo. Mi mente retrocedió a la época en la
que era yo la que llevaba juguetes en la bolsa y la pena me abrumó. Me quedé
ahí sentada, mirando, con las lágrimas cayéndome por las mejillas.
Pienso a menudo en su primer día de
guardería, cuando me pasé la mañana entera esperando afuera por si acaso
lloraba y me necesitaba; en sus tartas de cumpleaños y en los fuertes que
construíamos con cajas de cereales vacías; en las clases de conducir que le di
y en su adolescencia. Mi hijo era un niño dulce y divertido. Todos esos años de
amor y apoyo incondicional parece que han caído en el olvido y aquí estoy,
escribiendo esto durante el segundo año que lleva sin hablarme, con el corazón
roto, avergonzada, sintiéndome culpable y con mi sufrimiento aumentando día a
día.
Aunque mi hijo y yo nunca
recuperemos la relación que teníamos antes, yo sigo siendo y siempre seré su
madre
Esta situación no solo nos afecta a
nosotros, claro. Le salpica a toda la familia. Hago lo posible por no hablar
del tema con su hermano. No quiero que piense que debe elegir entre uno de
nosotros, pero, inevitablemente, su relación también se ha deteriorado, para mi
desgracia. Otros familiares intentan no posicionarse, pero la realidad es que
mi hijo no solo ha perdido a su madre, sino también a una rama de la familia.
Nadie sale ganando.
Como no hablamos de ello ni lo
saben las personas ajenas a la familia, no podemos apoyarnos en la compasión de
los demás. No recibimos las palabras de consuelo ni los abrazos ni los pequeños
gestos de amabilidad que sí reciben en circunstancias normales los afligidos.
Los padres cuyos hijos no quieren saber nada de ellos también estamos
afligidos, pero no nos queda más remedio que soportarlo solos y vivir con
nuestros recuerdos y nuestro arrepentimiento.
Cuando me encuentro con conocidos,
siempre me preguntan por mis hijos y mis nietos. Me veo obligada a dar
explicaciones breves y sonrojantes. A veces me pongo a la defensiva y me
avergüenzo, como si hubiera cometido un pecado imperdonable que ninguna “buena”
madre habría cometido jamás.
Cuando uno de tus hijos decide no
saber nada más de ti, tu autoestima y tu identidad se derrumban de un plumazo.
Cuando das a luz, te conviertes en madre, y para muchas de nosotras, esa pasa a
ser nuestra nueva identidad. Y aunque mi hijo y yo nunca recuperemos la
relación que teníamos antes, yo sigo siendo y siempre seré su madre.
Cuando nació, me pareció tan
hermoso que me enamoré al instante. Una parte de mí ya sabía que algún día, de
algún modo, tendría que dejarle marchar. Al fin y al cabo, nuestra misión como
padres es preparar a nuestros hijos para que aprendan a vivir bien sin
nosotros.
Pero así no. Así no.
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