Querida Madre 1

 

18 de octubre de 2022.

 

QUERIDA MADRE:

 

Primero que nada quiero que sepas que te amo con todo mi corazón, que te respeto como a nadie en el mundo, que he visto tu esfuerzo y determinación para hacer las cosas más increíbles que haya visto, que muchas de ellas las has hecho por mí y te estoy eternamente agradecido, y agradezco a Dios por tenerte como mi madre y conservarte aun conmigo. 

 

También he visto como haces todo de manera incondicional por los demás, sin mayor interés que servir a quienes te rodean, a pesar de cualquier cosa: a pesar de que subestimen tu capacidad aún cuando siempre seas tú la que terminas logrando todo una y otra vez; a pesar de que te maltraten, te falten al respeto, usen tus recursos y cosas para servirse en sus objetivos y necesidades, a pesar de que te roben, abusen de ti y pisoteen tu dignidad. 

 

Sin embargo yo no poseo una capacidad tan amplia.  Sé que tengo buen corazón y me gusta ayudar a los demás, me encanta trabajar y estar activo, tengo mucha creatividad para resolver toda clase de problemas, me gusta hacer las cosas bien, soy listo, me he cultivado a través de los años y he pasado por muchas clases de experiencias que me han comprobado que soy muy capaz de hacer todo aquello que me proponga. Inclusive he desarrollado otra clase de talentos, como el arte y la música, los cuales me han permitido evolucionar como ser humano, en mi pensamiento, en mis sentimientos y en mi espíritu.  He logrado todo aquello que me he propuesto y que ha dependido de mí: mi familia hermosa, vivir de manera decorosa y honesta, lograr el cariño de mi familia y amigos, la paz de mi alma y mi conciencia, el gozo por vivir, hacer y amar.  Muchas de esas cosas las he alcanzado gracias a ti, a tu apoyo, a tus enseñanzas y a tu ejemplo.

 

El aprendizaje ha seguido y ha sido muy importante para mí durante esta última etapa de mi vida.  El contacto con mi tío Chano en su proceso de muerte y la manera en que pudimos trabajar en equipo para despedirlo con amor y dignidad aporto innumerables enseñanzas que sin duda han transformado mi forma de ver el mundo, la vida y por supuesto la muerte.  Darnos cuenta de que tan frágiles somos, de lo importante de nuestras decisiones, de lo que trasciende la manera en que nos relacionamos, la manera en que nuestro espíritu es capaz de sentir la vida y de cómo la vida de los demás también es trastocada por nuestras decisiones y comportamientos, a veces para bien y otras veces para mal.

 

Por todo ello me he dado cuenta que hay cosas que estoy obligado a hacer, que tengo dentro de mis responsabilidades irrenunciables, que hay otras que deseo hacer pero no son obligadas y otras en las que deseo cooperar pero quizá no sean de mi incumbencia.  He percibido por la forma en la que se han desarrollado las cosas, que dentro de estas últimas están las cosas del rancho.  Supe de ello mucho tiempo atrás, y conozco esta experiencia porque ya la había vivido con anterioridad aún con mi tío Chano en vida.  En aquel tiempo me esforcé de la máxima forma que recuerde, en tiempos en que las cosas en el rancho eran muy difíciles, lo hice con amor, compromiso, honestidad y de la manera más altruista posible, ya que nunca recibí nada, por lo menos directamente, del rancho y su existencia material.  En el campo espiritual y de experiencia es distinto: aun cuando fui explotado sin ninguna remuneración, y lo más grave, sin ningún reconocimiento o agradecimiento, pude sacar un gran provecho de ello: demostrarme la increíble capacidad de trabajo y compromiso que puedo desarrollar en la consecución de cualquier fin, lo cual ha sido invaluable en mi vida personal. 

 

Esta experiencia es similar: he afrontado los retos con muchas ganas de hacer las cosas bien, he asumido el compromiso y la responsabilidad sobre las cosas a grados en que ni siquiera me lo ha pedido, e inclusive, he utilizado mis propios recursos para asegurarme de que las cosas sigan en pie y funcionando.  Sin embargo el resultado ha sido el mismo: no solo no obtengo remuneración sobre mi trabajo ni compensación sobre esos gastos – que al final es lo de menos, lo hago con gusto-, sino que tampoco obtengo reconocimiento sobre mi trabajo ni agradecimiento por mi compromiso.  Aún peor, todo lo que hago, aunque este bien hecho, no es valorado por quiénes lo reciben, más bien es menospreciado y muchas veces hasta descalificado.  No importa que grado de pericia, compromiso, responsabilidad y esfuerzo imprima en las cosas que les ofrezco, ellas son vistas de manera sospechosa y me enfrento a un rechazo continuo.  Cuando de tomar decisiones se trata, mi opinión es tan barata que solo alcanza para hacerme responsable de poner postes y arreglar cercos.  

 

Aún a pesar de los años y el esfuerzo, no he podido ganarme una posición mayor que de peón de raya, y eso, sin raya.  Tal parece que en el proyecto del rancho no tengo la capacidad de aportar más que eso.  Sé que no es por mis capacidades, yo siempre donde trabajo brillo y tanto cuando lo hice con mi tío Chano como en esta oportunidad no ha sido la excepción.  Por tanto, el lugar que se me da no tiene nada que ver con mi talento y capacidad de trabajo, ni con mi compromiso y responsabilidad.   Siempre tiene más que ver con la conciencia de quienes tienen, o creen tener, la potestad de la decisión y el liderazgo de todo aquello.  Por tanto, las cosas no han cambiado nada desde entonces hasta ahora, y eso se demuestra en las condiciones del rancho, pues siempre las personas hablamos a través de nuestras acciones, más que de nuestras palabras. 

 

Por ello, -así como antes, así como ahora-,  siento que no puedo aportar nada al bienestar familiar a través de mi cooperación en el rancho.   Siento que mi presencia es inclusive perniciosa, porque tengo la mala costumbre de detectar y señalar los abusos, las mentiras, la manipulación, los secretismos, las conspiraciones, las malas actitudes y las malas decisiones, y ponerlas en evidencia, lo que incomoda tremendamente a otras personas, que les gusta hacer lo que se les viene en gana, pasando por encima de quién sea necesario, a pesar de lo abyecto de su lógica, del desconocimiento de las labores que se realizan, de las carencia de nuevas ideas para mejorar las prácticas y aprovechar las experiencias anteriores,  y tratando de manera majadera y sin respeto a cuantos les rodean. 


Yo madre, no he desarrollado esa capacidad que tú tienes, para soportar todo eso y aun así, dar todo lo que tienes y lo que eres en servicio de los demás.  No sé si algún día podré hacerlo; hoy considero esa actitud perniciosa, y creo que no es correcto someterse de esa manera a los demás, y no es correcto tampoco aceptar que sometan a los tuyos a esos tratamientos.  Eso destruyó la autoestima de mi hermano – de por sí muy lacerada- y acabó con su patrimonio, con su familia y con gran parte de su vida en el periodo más productivo.  Acabó también con la de Jorge, con la de Oscar, y con la de mi tío Alfonso, aunque él tuvo la capacidad de desarrollar eso que tú tienes, y no rajarse nunca (por ello cuando él murió mi tio Chano se sintió acabado).  Al final, lo que cada quién haga con su vida es decisión de sí misma, los demás son responsables de hacerte lo que tú mismo permites. 


Es por ello que te escribo esta carta para disculparme por no estar dispuesto a recibir ese trato.  Más aún, me es muy difícil observar como tú te sometes a ello, y no puedo evitar que me lastime y me cause mucha incomodidad.  Pero esa es tu decisión y no tengo más que hacer que decírtelo con honestidad. y respetar tus decisiones a pesar de no estar de acuerdo con ellas.  Mi amor por ti no cambia por eso, ni por nada.  Pero como debo predicar con el ejemplo, no puedo permitir devaluar mi dignidad, ni que se ultraje el respeto a mi persona.  Eso es lo mínimo que desearía para los demás, incluyéndote a ti y a mi hermano, y es por eso que, como no me es posible ni deseable cooperar en una relación de esta naturaleza, y por ello prefiero retirarme.  Si así es la forma en la que creen que es constructivo relacionarse y lograr objetivos, yo no estoy de acuerdo y por ello no soy capaz de aportar nada en esa dirección.

 

No estoy interesado en pelear con nadie, menos aún si no hay ningún beneficio de por medio, y no lucharé por ti a menos que me necesites para ello, lo cual no es el caso, primero porque no me lo pides, y segundo porque creo que no tienes interés en ello.  Siendo así estoy metido en un asunto que no me incumbe.  Lamento que tú no tengas la apertura y la confianza para decírmelo honestamente, y tenga que estar leyendo entre líneas a través de pistas e indirectas.  No soy muy bueno para ello, a mí me gusta la apertura, la transparencia y la honestidad.  Hay que aprender a decir no, y para personas que han sufrido tanto y tienen la necesidad de ser queridos y aceptados es una asignatura muy difícil, pero hay muchas personas, sobre todo de carácter narcisista, que suelen aprovecharse de ello.  Yo estoy aprendiendo a hacerlo, y esta es una muestra de ello.       


Independientemente de todo lo anterior, yo estoy a tu servicio de manera incondicional y plena, cualquier cosa que tú me pidas y que este en mis manos hacer con gusto la haré, sea cual fuere.  No quiero ser el peón de nadie, aunque obviamente soy capaz de hacer favores, pero que pueda servirles no quiere decir que sea su sirviente, y eso muchas veces suele malinterpretarse, como la línea delgada entre ser buena persona y que te consideren pendejo y dejado.  Creo que el viejo principio que dice: “El que no vive para servir, no sirve para vivir” es una excelente guía para la vida, pero eso nunca debe atentar contra el respeto y la dignidad de las personas, y yo no acepto que eso se haga conmigo, ni soporto que se haga con los demás.  Espero que puedas entender mis razones, principios, convicciones y sentimientos al respecto.  Recuerda que cuando quieres lograr resultados distintos, es una locura querer lograrlos haciendo las mismas cosas.  Si no tienen deseos de que las cosas cambien, por lo menos yo no deseo cooperar para que todo siga igual. 

 

Sin embargo te reitero, que cualquier cosa que quieras que se haga yo puedo hacerla en donde necesites hacerla, de la manera en que tú me indiques y en el momento en que tú lo decidas.  Es cuestión solamente de que me lo pidas.


Te quiero mucho madre, veo tu dignidad, tu valor y te respeto.

 

Pedrocart

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